Gabo

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Monday, May 12, 2014

La mujer lo midió con una mirada de lastima. "Aqui no ha habido muertos," dijo. "Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo." En tres cocinas donde se detuvo José  Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo. "No hubo muertos." Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre. Las calles estaban desiertas bajo la lluvia tenaz y las casas cerradas, sin vestigios de vida interior. La única noticia humana era el primer toque para misa.
pg. 496

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